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Nuestra motivaci贸n

A la par de mi pasi贸n por la m煤sica y otras artes, tambi茅n he sido espectador en mi entorno de la degradaci贸n de la sociedad derivada de su descomposici贸n intencionada, en donde el sistema en sus m煤ltiples aspectos, tiene responsabilidad. Por los medios oficiales y su programaci贸n, por las pol铆ticas p煤blicas de educaci贸n y cultura, por la cultura del miedo expresada en violencia y delincuencia. 

Soy de los convencidos que una depuraci贸n de los mensajes, creaciones y contenidos que producimos y liberamos al ambiente, es una de muchas acciones nobles y positivas que podemos hacer para tratar de detener y contrarrestar la descomposici贸n de la humanidad, y evitar nuestra autodestrucci贸n o destrucci贸n anticipada. 

Las expresiones art铆sticas no son la 煤ltima panacea per se, hace falta una reforma social, depuraci贸n de los sistemas financieros globales, equilibrio de poderes regionales, esfuerzos en conjunto por erradicar las dolencias mundiales como el hambre, las enfermedades, la violencia, la desigualdad, la injusticia; todo aquello que hiera o lacere a la humanidad y desarmonice con el entorno. 

Pero el arte tiene un poder excepcional: nos puede tocar y despertar fibras dormidas, nos permite so帽ar con las posibilidades de realidades mejores, nos permite echar luz a lo que se oculta entre las sombras, nos permite vernos a nosotros mismos en un gran espejo cargado de simbolismos, reproches, de ideales. 

Es se帽alable que desde el establishment de la sociedad de consumo, se fomenta, da cabida y difusi贸n a expresiones vulgares, corrientes y lacerantes; de contenidos banales, violentos, idiotizantes; con el perverso fin de crear una subclase humana manipulable y obediente, que no cuestione y sostenga con su esfuerzo la existencia par谩sita de la clase dominante. 

Por dar un ejemplo de lo anterior, tenemos el aporte de Televisa que a finales de la d茅cada de los noventa, promov铆a un estilo musical de moda en su sucursal en Monterrey, import谩ndola al resto del pa铆s a trav茅s de sus emisiones televisadas y medios impresos, en lo que se llam贸 entonces “Onda Grupera” que poco a poco rob贸 espacios a otras expresiones musicales. Por un lado, esto lo hizo el producto musical de mayor consumo del pa铆s en las 煤ltimas dos d茅cadas (por encima de las cumbias y otros g茅neros “tropicales” igualmente populares); impulsado por otra parte, por un auge de la narcocultura que se apropi贸 de los g茅neros musicales norte帽os para expresar sus pulsiones. A la mitad de la segunda d茅cada del siglo, ese tipo de m煤sica que hace apolog铆a de la decadencia humana, est谩 presente en todos los ambientes y contextos de nuestro pa铆s. 

Esa es una de las razones por las que soy de los convencidos que hay que seguir insistiendo, con el arte, con la cultura, con la denuncia; y abrir espacios para su expresi贸n, para contrarrestar el poder medi谩tico de los espacios del sistema, mayormente coptados por la indecencia.

Jon Dixit